¿Por
qué es importante la ética profesional?
El comportamiento de los directores en la
empresa es un factor importante para construir una cultura de ética. Ellos son
los encargados de transmitir a toda la organización aquellos
principios por los cuales quiere que sea reconocida una organización.
Evidentemente, tienen que ser los primeros en dar ejemplo. Así, en caso de que
el comportamiento de un directivo vaya en contra de lo que predica, ¿qué
motivación tendrá el trabajador para actuar correctamente? Por eso, hay que
motivar a todo el personal a tomar decisiones y tener actitudes éticamente
aceptables, mediante políticas formales apoyadas y respetadas por los
directivos de la compañía.
¿Vale
todo para conseguir los objetivos propuestos?
En empresas donde existe un ambiente de
respeto a los valores éticos, todos entienden que el logro de sus
objetivos no justifica utilizar medios éticamente reprobables. En
organizaciones donde la política formal está enfocada solamente al logro de
objetivos económicos, sus integrantes se olvidan de los principios éticos. Esta
visión desanima al personal porque les origina un conflicto entre sus
convicciones morales y las exigencias del logro de metas
económicas impuestas por la empresa.
La
importancia de los valores compartidos
Que en una empresa se opere siguiendo unos
principios éticos es importante porque, además de animar a los trabajadores a
comportarse correctamente, también les permite apoyarse en una buena política
de la compañía cuando desean hacer respetar sus propios valores. Es entonces
cuando surgen los valores compartidos, en los cuales las personas:
Se identifican con la organización: al tener
la organización los mismos valores que ellos, sienten que son realmente parte
de ella.
Confían en la empresa y especialmente con los
otros compañeros: se consigue un ambiente de trabajo más positivo y productivo
gracias a los valores compartidos por los trabajadores.
Se sienten partícipes de su marcha y
resultados: se sienten implicados y se preocupan por su futuro.
Fomenta el intercambio y la aparición de ideas:
cada persona, dentro de su especialidad o trabajo diario, conocerá mejor que
nadie su propia tarea. Al sentirse próximo con la empresa, dará a conocer
aquellas mejoras que considera convenientes para conseguir unos mejores
resultados.
Confianza y fidelidad: tanto internamente –
los empleados, al sentirse cómodos, no querrán cambiar de empresa – como
externamente – los clientes, al sentirse vinculados con los valores de la
compañía, no se pasarán a la competencia – .
Transmiten estos valores positivos al exterior:
se convierten en prescriptores positivos de los productos o servicios de la
empresa. Al sentirse cómodos, dan a conocer estos valores a su entorno.
Se está en armonía con los valores generales
de la sociedad: en un contexto que hay tanta competencia y en que muchas
empresas realizan productos muy distintos, un punto diferenciador puede ser la
imagen y valores que transmite una empresa.
Genera también beneficio económico: los
trabajadores motivados rendirán más y los clientes consumirán los productos.
Por lo tanto, también hay un retorno económico positivo. Se consigue
productividad, calidad, crecimiento, confianza, credibilidad y prestigio de
cara al exterior.
La
importancia del capital social
El capital social son un conjunto de
valores o normas compartidas entre los miembros de un grupo, que permiten la
cooperación entre ellos. Si los miembros de este grupo aceptan que los demás
integrantes se comportan en forma correcta y honesta, terminarán por confiar
los unos en los otros. El prestigio y la confianza son dos puntos que
determinan la viabilidad futura de una empresa y que tienen que asegurarse
mediante el cumplimiento de los principios éticos expuestos.
La ética es necesaria para crear, incrementar
y preservar el valor de una empresa. Los inversores buscan invertir en
organizaciones que son confiables, donde sus dirigentes y colaboradores son
íntegros y proyectan una imagen de ética en todo lo que hacen. Esta confianza
que se genera puede producir beneficios a la empresa:
Mayor demanda de los productos: gracias a la
fidelidad de los clientes.
Acceso a mercados de capital: si hay confianza
en el proceder de una organización, será menos complicado encontrar alguien que
quiera invertir.
Oportunidades de fusión: en caso de necesitar
aumentar el tamaño, encontrar alguna empresa que comparta valores para hacerlo.
Crecimiento: facilita oportunidades para
incorporarse a nuevos mercados donde los valores del cliente potencial son los
mismos que el de la empresa.
Mejores utilidades: se aprovechan mejor los
recursos disponibles, especialmente el capital humano.
Mayor precio para sus acciones: a más valor de
una compañía, más alto el precio de sus acciones.
Las empresas con responsabilidad social
persiguen un grupo de objetivos, de los cuales conseguir un beneficio lo más
alto posible es sólo uno, pero no necesariamente el principal. Tienen un
propósito más allá de solo ganar dinero. Sin embargo, gracias a seguir estos
valores, consiguen ganar más que las compañías que solamente persiguen como
objetivo maximizar el beneficio sin tener en cuenta todos estos puntos.
¿Cómo
desarrollar un código ético en una empresa?
La mayoría de las empresas han desarrollado un
código de ético que tiene como finalidad combatir diferentes aspectos que
transmiten una mala imagen de la empresa, y que son un freno a la correcta
cooperación y desarrollo de su capital humano. Quieren evitar aspectos como:
Corrupción: si los propios responsables de la
organización cogen dinero de la empresa que no les corresponde, la imagen que
se traslada a los otros trabajadores es pésima. Hay que dar ejemplo y ser
transparente.
Mal ambiente laboral: hay que fomentar el
compañerismo mediante la incorporación de los trabajadores en la toma de
decisiones. Además, hay que facilitarles un lugar de trabajo cómodo para que
pueden desarrollar la tarea con seguridad.
Difamación entre compañeros: hay que apagar el
mínimo indicio de enfrentamiento entre personas.
Publicidad engañosa: no hay que mentir en la
publicidad respecto a las propiedades y atributos del producto o servicio. En
caso contrario, el cliente se siente engañado y no vuelve a consumirlo.
Causar perjuicios al medio ambiente: la
sensibilidad hacia el medio ambiente ha aumentado en los últimos años y hay que
reducir al máximo el impacto de la actividad en este aspecto.
Intolerancia por motivo de raza, religión o
sexo: no se puede discriminar a ningún trabajador, cliente o proveedor por
alguno de estos motivos.
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